Jane Eyre
Jane Eyre —No. Si he adelgazado es debido a la ansiedad que me corroe acerca del futuro, aún en el aire, y a los continuos aplazamientos de la fecha de mi ansiada partida. Esta misma mañana he recibido la noticia de que mi sucesor, al que llevaba tanto tiempo esperando, no podrá ocupar mi plaza hasta dentro de tres meses, tal vez seis.
—Usted tiembla y sus mejillas enrojecen cada vez que la señorita Oliver entra en la escuela.
De nuevo una expresión de sorpresa le cruzó el rostro. No habÃa imaginado que una mujer se atreviera a hablarle asà a un hombre. En cambio, yo me sentÃa a gusto con este tipo de discurso. Siempre me ha costado comunicarme con las personas fuertes, discretas y refinadas, ya sean hombres o mujeres, hasta haber traspasado los lÃmites que marca la reserva convencional, haber entrado en el umbral de la confidencia y haberme ganado un lugar en su corazón.