Jane Eyre
Jane Eyre —El apellido de mi madre era Eyre. Ella tenÃa dos hermanos: uno era el sacerdote que se casó con la señorita Jane Reed, de Gateshead; el otro, John Eyre, un comerciante inglés que se trasladó a Funchal, Madeira. El señor Briggs nos escribió el pasado mes de agosto en calidad de abogado del señor Eyre para informarnos del fallecimiento de nuestro tÃo y comunicarnos que habÃa legado toda su fortuna a la hija huérfana de su hermano sacerdote, cumpliendo asà su promesa de no mencionarnos en su testamento debido a una disputa con mi padre que nunca olvidó. Volvió a escribirnos hace unas semanas con la noticia de que la heredera estaba en paradero desconocido y preguntándonos si tenÃamos noticias de ella. Un nombre escrito sin pensar en un pedazo de papel me ha permitido encontrarla. El resto ya lo sabe.
Se dispuso a irse, pero yo apoyé la espalda en la puerta, cortándole el paso.
—Déjeme hablar —exclamé—, pero necesito unos minutos para recobrar el aliento y meditar mis palabras.
Hice una pausa mientras él seguÃa plantado ante mÃ, con el sombrero en la mano y sin perder la compostura.
—Entonces —prosegu×, ¿su madre fue la hermana de mi padre?
—SÃ.
—Es decir, mi tÃa.