Jane Eyre
Jane Eyre —Quiero que mañana escriba a Diana y a Mary —dije—, y les diga que vuelvan directamente a casa: Diana me confió que se sentirÃan ricas con unos miles de libras, asà que supongo que podrán arreglárselas con cinco mil.
—DÃgame dónde puedo servirle un vaso de agua —se ofreció Saint John—. DeberÃa hacer un esfuerzo por tranquilizarse.
—¡TonterÃas! ¿Y qué efecto tendrá este legado sobre usted? ¿Hará que se quede en Inglaterra, le inducirá a casarse con la señorita Oliver y a establecerse como el más común de los mortales?
—Divaga. Sus palabras no tienen sentido. Temo que he sido demasiado brusco al darle la noticia: ha supuesto una emoción demasiado fuerte para usted.
—¡Señor Rivers! Está acabando con mi paciencia. Soy perfectamente capaz de comprenderlo todo. Es usted quien parece no entender, o tal vez finge no hacerlo.
—Quizá si se explicara un poco mejor, me serÃa más fácil comprenderla.
—¡Explicar! ¿Qué es lo que hay que explicar? No me diga que no ve que veinte mil libras divididas a partes iguales entre el sobrino y las tres sobrinas de nuestro tÃo común ofrecen un total de cinco mil libras para cada uno. Lo que quiero es que escriba a sus hermanas y les comunique la fortuna que les ha caÃdo en suerte.