Jane Eyre
Jane Eyre —Le ha caÃdo a usted, querrá decir.
—Ya he expuesto mi opinión sobre este tema, y no tengo intención de cambiarla. Hacerlo implicarÃa convertirme en un ser tan egoÃsta hasta la brutalidad, injusto hasta la ceguera y desagradecido hasta la maldad. Además, estoy decidida a tener un hogar y una familia. Me gusta Moor House, y allà pienso instalarme. Me gustan Diana y Mary, y viviré con ellas para el resto de mis dÃas. Me complacerÃa mucho disponer de cinco mil libras, y en cambio me oprimirÃa y atormentarÃa tener que administrar veinte mil, una cantidad que, moralmente, nunca serÃa mÃa por mucho que lo dicte la ley. Les cedo, pues, aquello que me sobra. No toleraré oposición o discusión alguna sobre este tema: es mejor que nos pongamos de acuerdo enseguida y actuemos cuanto antes.
—Sus palabras son fruto de un impulso: tómese unos dÃas para considerar el tema antes de actuar.
—¡Si de lo único que duda es de mi sinceridad, me quedo más tranquila! ¿Acaso no ve que se trata de la solución más justa?
—SÃ, creo que es justa, pero a la vez es contraria a la costumbre. Además, la fortuna está en sus manos: mi tÃo la ganó con su propio esfuerzo, y por tanto es libre de dejarla a quien se le antoje. La suerte recayó en usted. La ley está de su lado. Puede, pues, considerar suyo ese legado sin ningún escrúpulo de conciencia.