Jane Eyre
Jane Eyre La noche transcurrió con rapidez. Yo estaba demasiado cansada incluso para soñar. Solo me desperté una vez, asustada por las furiosas ráfagas de viento y el sonoro ruido de la lluvia que caÃa de forma torrencial, y vi que la señorita Miller habÃa ocupado su lugar a mi lado. Cuando volvà a abrir los ojos, oà el sonido de un timbre. Aunque aún no habÃa amanecido, las chicas ya estaban vistiéndose y un par de velas ardÃan en la habitación. De mala gana, seguà su ejemplo. HacÃa un frÃo espantoso asà que me vestà tan deprisa como me fue posible y me aseé en cuanto encontré un lavamanos libre, una tarea difÃcil ya que habÃa solo uno para cada seis chicas, todos ubicados en el centro de la alcoba. El timbre sonó de nuevo y todas formaron filas, de dos en dos, y descendieron en ese orden hasta llegar a la frÃa y oscura sala de estudio. La señorita Miller se encargó de leer las oraciones y después exclamó:
—¡Formen clases!