Jane Eyre

Jane Eyre

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Se hizo un gran tumulto durante unos minutos, en los que la señorita Miller no cesó de repetir a gritos que nos calláramos. Al final, vi que todas se habían alineado en cuatro semicírculos, delante de cuatro sillas colocadas ante las cuatro mesas. Todas llevaban los libros en las manos y un gran tomo, como si fuera una Biblia, reposaba sobre cada una de las mesas delante del asiento vacío. Tras unos segundos de pausa, la señorita Miller recorrió las filas, contando en voz baja el número de chicas.

A lo lejos se oyó un nuevo timbre. Inmediatamente, tres damas entraron en la sala y ocuparon cada uno de los asientos vacíos. La señorita Miller se plantó ante la cuarta silla, la más cercana a la puerta, alrededor de la que se sentaban las niñas de menor edad. Yo fui incluida en este grupo y me colocaron en un extremo.

La tarea empezaba ahora. Se repitió el pensamiento del día y luego se citaron algunos textos de las Escrituras, a los que siguieron varias lecturas de capítulos bíblicos que duraron casi una hora. Para cuando todo esto hubo terminado, ya era de día. El infatigable timbre sonó por cuarta vez: los grupos de chicas avanzaron hacia otra estancia con el fin de tomar el desayuno. ¡Estaba encantada ante la perspectiva de comer algo! Llevaba casi dos días sin comer y me sentía enferma de inanición.


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