Jane Eyre
Jane Eyre El tono con que pronunció estas palabras, tranquilo y sereno, supuso una nueva y mortificante decepción. Si me hubiera dejado llevar por la ira y el orgullo que bullÃan en mÃ, le habrÃa abandonado en ese mismo momento. Pero habÃa algo que se sobreponÃa a la fuerza de esas emociones. Yo admiraba el talento y los principios de mi primo: apreciaba su amistad y perderla me dolÃa en el alma. No pensaba renunciar sin más a mis aspiraciones de reconquistar ese afecto perdido.
—¿Quieres que nos separemos asÃ, Saint John? ¿Y cuando te vayas a la India, me dejarás asÃ, sin una sola palabra amable?
Entonces apartó sus ojos de la luna y los clavó en mÃ.
—¿Nos separaremos cuando me vaya a la India, Jane? ¿Significa esto que no vendrás conmigo?
—Dijiste que no era posible, a no ser que nos casáramos.
—¿Y no te casarás conmigo? ¿Te mantienes firme en esa decisión?
Lector, ¿sabes el terror que las personas tan frÃas son capaces de despertar con sus afiladas preguntas? ¿La amenaza de un alud que se esconde tras su cólera? ¿O la fuerza, capaz de partir un mar helado, que subyace a su decepción?
—No, Saint John. No me casaré contigo. Reitero esa decisión.