Jane Eyre
Jane Eyre —Este hermano mÃo alberga puntos de vista muy peculiares sobre ti, estoy segura. Deduzco de su forma de tratarte un interés que nunca le habÃa visto demostrar por nadie. ¿Con qué fin, Jane? ¿Acaso te ama?
Llevé su mano frÃa hasta mi frente ardiendo.
—No, Die, no siente por mà ni una pizca de amor.
—Entonces, ¿por qué sus ojos no se apartan nunca de ti? ¿Por qué busca quedarse a solas contigo con tanta frecuencia? ¿Por qué procura que estés siempre a su lado? Mary y yo habÃamos llegado a la conclusión de que deseaba casarse contigo.
—Y lo desea: me ha pedido que sea su esposa.
Diana aplaudió.
—¡Eso es justamente lo que esperábamos y deseábamos! ¿Te casarás con él, Jane? Y asà se quedará en Inglaterra…
—No, Diana: su idea al proponerme matrimonio es contar con una ayudante en su labor misionera en la India.
—¿Qué? ¿Pretende que le acompañes a la India?
—SÃ.
—¡Es una locura! —exclamó—. Estoy segura de que no sobrevivirÃas allà ni tres meses. ¿No pensarás ir? ¿No habrás aceptado?
—He rechazado su propuesta de matrimonio.