Jane Eyre
Jane Eyre —Aquel que salga vencedor heredará todas las cosas; y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero —leyó en tono distinto, deliberadamente lento—, los temerosos y los descreÃdos ocuparán su lugar en el lago de llamas y azufre que hierve eternamente en una angustia sin fin.
Entonces comprendà cuál era el destino que Saint John temÃa para mÃ.
Pronunció estos últimos y gloriosos versos del capÃtulo en un tono controlado y a la vez vehemente, triunfal y sereno. El lector creÃa que su nombre ya estaba escrito en el libro de la vida del Cordero, y esperaba con ansia la hora de ser admitido en la ciudad a la que los reyes de la tierra llevan su gloria y su honor, la ciudad que no necesita del brillo del sol o de la luna, porque está alumbrada por la luz de Dios que resplandece a través del Cordero.