Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Su mano se aferró a mi cabeza con firmeza, como si me reclamara para él, y su brazo me rodeó, casi como si me amara (digo «casi» porque conocía la diferencia, porque había sentido lo que es ser amada, y, en su caso, ya había dejado el amor fuera de la cuestión y pensaba solo en el deber). Luchaba contra mi propia claridad interior, ante la cual aún se revolvían las nubes. Desde el fondo de mi corazón, deseaba sinceramente hacer lo correcto, solo eso. «¡Muéstrame el camino! ¡Muéstrame el camino!», clamé al cielo. Estaba más nerviosa de lo que nunca había estado, y el lector juzgará si la escena que siguió fue solo fruto de esa emoción.

Toda la casa estaba en silencio. Creía que todos, excepto Saint John y yo, se habían retirado a descansar. La única vela languidecía y la luz de la luna inundó la estancia. El corazón me latía con tanta fuerza que podía oír sus golpes dentro de mí. De repente se paralizó provocándome un sentimiento inexpresable, que se extendió de la cabeza a las extremidades. No fue una descarga eléctrica, pero sí fue una especie de latigazo agudo, extraño y aterrador, que me sacudió todos los sentidos, como si estos hubiesen permanecido adormecidos y fueran entonces despertados. Se alzaron expectantes: el oído y la vista alerta, mientras todo mi cuerpo temblaba.

—¿Qué has oído? ¿Qué ves? —preguntó Saint John.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker