Jane Eyre
Jane Eyre No tardé mucho en hacer los preparativos necesarios. Nadie me molestó con preguntas ni suposiciones. Una vez hube dejado claro que no pensaba ser más explícita en lo que respectaba a mis planes, aceptaron con amabilidad e inteligencia el silencio en que los llevaba a cabo, concediéndome el mismo derecho a actuar libremente que yo les habría otorgado si ellas se hubieran hallado en mis circunstancias.
Salí de Moor House a las tres en punto y llegué al indicador de Whitcross poco antes de las cuatro. Allí esperé el coche que tenía que llevarme al lejano Thornfield. En el silencio de aquellas carreteras solitarias y aquellas colinas desiertas, le oí acercarse desde muy lejos. Era el mismo vehículo que un año antes me había abandonado en este ignoto lugar, triste, desesperada y perdida. Lo paré y subí en él. Esta vez ya no tenía que entregarle toda mi fortuna como pago del trayecto. Una vez en el camino que llevaba a Thornfield, me sentí como la paloma mensajera que regresa a casa.