Jane Eyre
Jane Eyre Los cuervos que sobrevolaban los alrededores observaron mi labor de espía. Me pregunto qué debían pensar: al principio debieron de considerarla una mirada cauta y tímida, que poco a poco ganó en osadía y atrevimiento. Eché un vistazo rápido y luego contemplé lo que tenía delante durante largo rato; por fin salí de mi escondite, avancé por el prado y me detuve de repente frente a la gran mansión con los ojos fijos en ella. «¿A qué venía ese absurdo cuidado al principio? —debieron de pensar—. ¿Cuál es el sentido de esta estúpida temeridad posterior?»
Quiero que leas este ejemplo, lector.