Jane Eyre
Jane Eyre Después de tomar asiento delante de dos globos terráqueos, la supervisora de Lowood (pues este era el cargo que ostentaba la dama) convocó a su alrededor a la clase de las mayores y comenzó a impartir la lección de geografía. Las clases inferiores fueron convocadas por las distintas profesoras y se sucedieron las lecciones: una hora de historia y gramática, a la que siguieron sendas clases de ortografía y aritmética. Algunas chicas mayores recibieron clases de música a cargo de la señorita Temple. El reloj delimitaba la duración de las lecciones y, cuando anunció las doce en punto, la supervisora se puso en pie.
—Tengo algo que decir a las alumnas —exclamó.
El murmullo que seguía a las lecciones cesó al oír sus palabras.
—El desayuno que os han servido esta mañana era incomible, así que debéis estar hambrientas. Por lo tanto, he dado órdenes de que os repartan un refrigerio consistente en pan con queso. Yo asumo toda la responsabilidad —añadió, dirigiéndose a las profesoras que la miraban con expresión de sorpresa, e inmediatamente salió de la sala.