Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El pan con queso apareció al instante y fue distribuido para deleite de todo el colegio. Se oyó una nueva orden: «¡Al jardín!». Cada una de las chicas se puso un tosco sombrero de paja con cintas de calicó estampadas y una capa de friso de color gris. Mi atuendo era parecido y, siguiendo a las otras, me dirigí hacia el exterior.

El jardín era un espacio amplio, rodeado por muros tan altos que impedían ver lo que había detrás. A un lado había un porche cubierto y el centro quedaba dividido en pequeños parterres, bordeados por anchos senderos: uno para cada niña. No me cabe la menor duda de que debían resultar preciosos cuando las plantas florecían, pero a finales de enero presentaban un aspecto pobre y desolado, típicamente invernal. Ahí de pie, inmóvil, me estremecí de frío. Lo cierto es que el día no invitaba en absoluto a estar al aire libre. No llovía, pero una niebla amarillenta lo cubría todo y las lluvias del día anterior habían dejado el terreno enfangado y lleno de charcos. Las chicas más fuertes comenzaron a correr y a jugar, pero las que presentaban un aspecto más pálido y débil se agruparon en el porche en busca de cobijo y calor. A medida que la espesa niebla iba calando la ropa, el sonido de varias toses llegó hasta mis oídos.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker