Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Se abrió lentamente: una silueta emergió bajo la luz del crepúsculo y se quedó quieta en el escalón. Era un hombre desprovisto de sombrero que sacaba la mano para comprobar la fuerza de la lluvia. Pese a la oscuridad, le había reconocido: era mi señor, Edward Fairfax Rochester. No podía ser otro.

No hice el menor movimiento. Casi no me atreví a respirar y me dediqué a observarle sin que me viera. ¡Pobre! Yo era invisible para él. Fue un encuentro súbito, en el que la alegría cedió rápidamente el paso al dolor. No tuve dificultad en reprimir un grito de júbilo, en frenar el impulso de correr a sus brazos.

Su cuerpo era aún fuerte y robusto, como había sido siempre: avanzaba erguido, con el pelo negro como ala de cuervo. No había sufrido la menor alteración. En el transcurso de un año, el sufrimiento no había acabado con su fuerza, ni menguado su vigor. Pero advertí un profundo cambio en su semblante: una mirada desesperada y abstraída que me recordó a la de una fiera salvaje, o a la de un pájaro herido al que temes acercarte porque el dolor le ha convertido en una amenaza. Un águila enjaulada, a quien un ser cruel hubiera arrancado los ojos, presentaría el mismo aspecto que aquel Sansón ciego.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker