Jane Eyre
Jane Eyre Leà estas palabras una y otra vez sin llegar a entender por completo su sentido. Me preguntaba cuál era el significado exacto de «institución», y me esforzaba en conectar el principio del texto con el versÃculo posterior cuando alguien que tosió detrás de mà me hizo volver la cabeza. Vi a una chica sentada en un banco de piedra, inclinada sobre un libro, al parecer absorta en la lectura. Alcancé a distinguir el tÃtulo del libro desde el lugar en que me hallaba, Rasselas, un nombre que me sonó raro y que por tanto despertó mi interés. Al pasar una página, la chica alzó los ojos y yo aproveché el gesto para dirigirme a ella.
—¿Te gusta el libro?
Ya me habÃa decidido a pedirle que me lo prestara cuando terminara de leerlo.
—Sà —respondió después de una breve pausa que empleó en observarme.
—¿De qué trata? —proseguÃ, sin saber de donde sacaba el valor para entablar conversación con una desconocida, algo contrario a mi costumbre.
Supongo que fue la afición común a la lectura lo que me hizo simpatizar con ella, aunque hasta el momento yo solo habÃa leÃdo cuentos infantiles. No podÃa comprender nada que fuera serio o importante.
—Puedes ojearlo si quieres —replicó la chica, ofreciéndome el libro.