Jane Eyre
Jane Eyre —Hasta este momento, la idea de necesitar ayuda me repugnaba, odiaba depender de que alguien me guiara. Pero a partir de ahora, creo que ya no volveré a odiarlo. No me gustaba tener que dar la mano a un criado, pero resulta agradable sentir en ella la presión de los dedos de mi Jane; preferÃa la más amarga soledad al servilismo constante, pero sé que la dulce solicitud de Jane será una fuente de alegrÃa. Jane me sienta bien. ¿Le siento yo bien a ella?
—Hasta la fibra más pequeña de mi cuerpo, señor.
—Si es asÃ, no tenemos nada que esperar: casémonos inmediatamente.
Su aspecto y su voz habÃan recobrado la fuerza; regresaba el Ãmpetu que habÃa sido propio de él en el pasado.
—Tenemos que unir cuanto antes nuestros cuerpos, Jane. Solo necesitamos la licencia, y luego nos casaremos.
—Señor Rochester, el sol se está poniendo y Pilot ya se ha ido a casa en busca de la cena. Déjeme echar una ojeada al reloj.
—Cuélgalo de la cintura, Jane, y llévalo tú de ahora en adelante. A mà no me sirve de nada.
—Son casi las cuatro de la tarde, señor. ¿No tiene hambre?