Shirley
Shirley —¡Una perspectiva extraordinariamente vaga! ¿Te contentas con eso?
—Antes sÃ. Los niños, ¿sabes?, no reflexionan demasiado, o más bien dedican sus reflexiones a asuntos ideales. Ahora hay momentos en los que no me siento del todo satisfecha.
—¿Por qué?
—No gano dinero… no gano nada.
—Veo que vas al grano, Lina. Asà pues, ¿también tú quieres ganar dinero?
—SÃ, me gustarÃa tener un ocupación; si fuera chico, no me costarÃa encontrar una. Veo un modo muy fácil y agradable de aprender un negocio y abrirme camino en la vida con él.
—Sigue, oigamos cuál es ese modo.
—PodrÃa aprender tu negocio, el negocio textil. PodrÃa aprenderlo de ti, dado que somos parientes lejanos. Yo trabajarÃa en la oficina de contabilidad, llevarÃa los libros y redactarÃa las cartas mientras tú te ocupas del mercado. Sé que tu gran deseo es ser rico para poder pagar las deudas de tu padre; quizá yo podrÃa ayudarte a conseguirlo.
—¿Ayudarme? DeberÃas pensar en ti misma.
—Ya lo hago, pero ¿acaso ha de pensar uno siempre únicamente en sà mismo?