Shirley
Shirley Cansada por fin hasta la extenuación, Caroline aprovechó la oportunidad que le brindó el señor Sweeting al acercarse a hablar con la señora Sykes y se escabulló sigilosamente, abandonando la estancia en busca de un momento de respiro en soledad. Se fue al comedor, en cuya chimenea ardían aún los restos de un fuego, con llamas pequeñas, pero nítidas. La estancia estaba vacía y tranquila, se habían retirado vasos y licoreras de la mesa, las sillas se habían devuelto a su lugar, todo estaba ordenado. Caroline se dejó caer en el butacón de su tío, entornó los ojos y descansó, descansó al menos sus miembros, sus sentidos, su oído, su vista, cansados de escuchar naderías y mirar al vacío. En cuanto a su pensamiento, voló directamente hacia el Hollow; allí se detuvo en el umbral de la puerta del gabinete, luego pasó a la oficina de contabilidad y se preguntó qué lugar gozaría de la presencia de Robert. Daba la casualidad de que ninguno de los dos lugares disfrutaba de ese honor, pues Robert se hallaba a un kilómetro casi de ambos, y mucho más cerca de Caroline de lo que su embotado espíritu sospechaba: en aquel momento cruzaba el cementerio de la iglesia en dirección a la verja del jardín de la rectoría; sin embargo, no era su intención visitar a su prima, sino únicamente comunicar una breve información al rector.