Shirley
Shirley —Cuando a un hombre se le ha educado únicamente para que gane dinero y vive sólo para conseguirlo y apenas respira otro aire que el de las fábricas y los mercados, parece extraño pronunciar su nombre en una plegaria o mezclarlo con un pensamiento divino; y mucho más extraño parece que un corazón bueno y puro lo acepte y lo cobije, como si tuviera algún derecho a semejante nido. Si yo pudiera guiar a ese benévolo corazón, creo que le aconsejarÃa que excluyera a quien profesa no tener propósito más elevado en la vida que el de remendar su descalabrada fortuna y limpiar de su blasón burgués la horrible mancha de la bancarrota.
La insinuación, aunque hecha de modo tan delicado y modesto (asà pensaba Caroline), fue claramente percibida y comprendida.
—Ciertamente yo sólo pienso, o sólo pensaré, en ti como en mi primo —fue la rápida respuesta—. Empiezo a comprender mejor las cosas, Robert, que cuando llegaste a Inglaterra, mejor que hace una semana, un dÃa. Sé que es tu deber intentar salir adelante, y que no te servirá de nada ponerte romántico, pero en el futuro no debes interpretarme mal si te parezco demasiado cordial. Esta mañana me has interpretado mal, ¿verdad?
—¿Qué te ha hecho pensar eso?
—Tu mirada, tu actitud.
—Pero fÃjate en mà ahora…