Shirley
Shirley —TÃo, desearÃa que fuera menos generoso y más…
—¿Más qué?
«Comprensivo» era la palabra que Caroline tenÃa en los labios, pero no la pronunció; se contuvo a tiempo: en verdad su tÃo se habrÃa reÃdo si se le hubiera escapado una palabra tan ñoña.
—Lo cierto es —dijo el rector, reparando en el silencio de su sobrina— que no sabes bien lo que quieres.
—Sólo ser institutriz.
—¡Bah! ¡TonterÃas! No quiero oÃr hablar de eso. No vuelvas a mencionarlo. Es un capricho demasiado femenino. He terminado el desayuno; toca la campanilla; quÃtate esas manÃas de la cabeza y ve a distraerte.
«¿Con qué? ¿Con mi muñeca?», se preguntó Caroline, abandonando la habitación.