Shirley
Shirley Las señoritas jóvenes y corrientes pueden ser tan despiadadas como los caballeros jóvenes y corrientes, tan pragmáticas y egoístas como ellos. Aquellos que sufran deben evitarlas siempre; desprecian la pena y la calamidad: parecen considerar ambas cosas como juicios divinos a los seres inferiores. Para ellas, «amar» consiste únicamente en idear un plan para lograr una buena boda; sufrir una «decepción» significa que su plan ha sido descubierto y desbaratado. Creen que los sentimientos y proyectos de los demás respecto al amor son similares a los suyos, y los juzgan en consecuencia.
Todo esto lo sabía Caroline en parte por instinto y en parte por observación, y se comportó con arreglo a este conocimiento, ocultando su pálido rostro y su enflaquecida figura a la vista de los demás en la medida de lo posible. Vivía por tanto en completa reclusión y dejó de recibir noticias de los tejemanejes de la vecindad.
Una mañana, su tío entró en el gabinete donde estaba ella, esforzándose por hallar algún placer en pintar un ramillete de flores silvestres recogidas bajo un seto en lo alto de los campos del Hollow, y le dijo a su abrupta manera:
—Vamos, hija, siempre estás inclinada sobre una paleta de colores o un libro o una labor; deja de mancharte con eso. Por cierto, ¿te llevas el pincel a los labios cuando pintas?