Shirley
Shirley —Te vi dos veces, y ninguna de las dos estabas solo.
—¿Quién me acompañaba? Seguramente no serÃa más que Joe Scott, o mi propia sombra a la luz de la luna.
—No, ni Joe Scott ni tu sombra, Robert. La primera vez estabas con el señor Yorke, y la segunda vez, lo que llamas tu sombra era una figura con el cutis blanco y rizos morenos, y un reluciente collar alrededor del cuello; pero sólo os vi un momento a ti y a esa bella sombra: no esperé a oÃr vuestra conversación.
—Al parecer eres invisible. Esta noche me he fijado en el anillo que llevas; ¿es el anillo de Giges[93]? A partir de ahora, cuando esté solo en la oficina de contabilidad, en medio de la noche, quizá, me permitiré imaginar que Caroline está tal vez inclinada sobre mi hombro, leyendo conmigo el mismo libro, o sentada a mi lado entretenida en sus propias tareas, levantando de vez en cuando sus ojos invisibles hacia mi rostro para leer en él mis pensamientos.
—No debes temer tal imposición: no me acerco; me limito a quedarme apartada, contemplando lo que te sucede.