Shirley
Shirley Y siguió caminando con un paso tan decidido y deliberado, y fue, además, tan bien secundado por colegiales y maestros —que hicieron exactamente lo que se habÃa ordenado, sin correr ni vacilar, sino marchando con Ãmpetu sereno e inquebrantable; los coadjutores obligados también a hacer lo mismo, puesto que se hallaban entre dos fuegos, Helstone y la señorita Keeldar, que vigilaban con ojos de lince cualquier desviación y estaban dispuestos, el uno con el bastón y la otra con la sombrilla, a castigar la más ligera contravención de las órdenes, la más mÃnima manifestación independiente o irregular— que los disidentes primero se asombraron, luego se alarmaron, se rindieron y empezaron a retroceder, y finalmente se vieron obligados a dar media vuelta y dejar libre la salida de Royd-lane. Boultby sufrió durante el violento ataque, pero Helstone y Malone lo sujetaron entrambos y consiguieron que saliera de una pieza, aunque lastimosamente falto de resuello.