Shirley
Shirley —¡Bien! —exclamó Shirley.
Las dos jóvenes recorrieron el frondoso sendero en silencio. Caroline fue la primera en reanudar la charla.
—Entrometerse en asuntos ajenos es un crimen; el descaro es un crimen, y algo repugnante a la vez; pero ¡el amor! ¡Ni el más puro de los ángeles debe avergonzarse de amar! Y cuando veo u oigo que hombre o mujer emparejan la vergüenza con el amor, sé que sus pensamientos son groseros y sus asociaciones degradantes. Muchos que se consideran damas y caballeros refinados, y de cuyos labios pende eternamente la palabra «vulgaridad», no pueden mencionar el «amor» sin traicionar su propia degradación innata y estúpida: lo consideran un sentimiento vulgar que sólo relacionan con ideas groseras.
—Has descrito a tres cuartas partes del mundo, Caroline.
—¿Son frÃos, son cobardes, son estúpidos, Shirley? ¡Jamás han amado ni han sido amados!
—¡Tienes razón, Lina! Y en su obtusa ignorancia blasfeman sobre un fuego viviente, traÃdo por serafines de un altar divino.
—¡Lo confunden con las chispas que se elevan desde Tofet[105]!
El súbito y jubiloso tañido de las campanas llamando a todos a la iglesia interrumpió aquà este diálogo.