Shirley
Shirley Lamentaré perderme su cáustico sermón. Sé que será todo sentido común hacia la Iglesia y todo mordacidad hacia los cismáticos: no olvidará la batalla de Royd-lane. También lamentaré privarte de la sincera y amable homilÃa del señor Hall, con todos sus briosos modismos de Yorkshire; pero aquà me quedo. La iglesia gris y las tumbas aún más grises tienen un aire divino bañadas en este fulgor carmesÃ. La naturaleza reza ahora sus plegarias de la tarde: se arrodilla ante esas colinas rojas. La veo prosternada en los escalones de su altar, rezando para que los marineros tengan una noche apacible en el mar, rezando por los viajeros en el desierto, por los corderos en el páramo, y las crÃas de los pájaros en el bosque. ¡Caroline, la veo! Y te diré cómo es: es lo que era Eva cuando ella y Adán estaban solos en la Tierra.
—Y no es la Eva de Milton[106], Shirley.