Shirley
Shirley —No, no son tonterÃas. Y la señorita Shirley, aquà presente, pretende escuchar al patrón cuando habla de comercio tan atentamente como si no se perdiera una sola palabra y todo estuviera tan claro como si lo viera en uno de sus espejos; y, mientras tanto, no deja de asomarse a la ventana para ver si la yegua se está quieta, y luego se mira una salpicadura del traje de montar, y luego se fija en las telarañas y el polvo de la oficina de contabilidad y piensa que somos gente sucia y que se dará un maravilloso paseo a caballo por el ejido de Nunnely. De lo que dice el señor Moore no se enterarÃa menos si hablara en hebreo.
—Joe, eso no son más que calumnias. Le replicarÃa como merece si no fuera porque la gente empieza a salir de la iglesia; tenemos que dejarle. Adiós, hombre lleno de prejuicios. Adiós, William. Niñas, venid a Fieldhead mañana y elegiréis lo que mejor os parezca de la despensa de la señora Gill.