Shirley
Shirley UNA NOCHE DE VERANO
HabĂa anochecido. El cielo despejado favorecĂa el resplandor de las estrellas.
—Habrá luz suficiente para ver el camino de vuelta a casa —dijo la señorita Keeldar cuando se despedĂa de Caroline en la puerta del jardĂn de la rectorĂa.
—No debes ir sola, Shirley. Te acompañará Fanny.
—No, no. ÂżQuĂ© miedo he de tener en mi propia parroquia? DarĂa un paseo desde Fieldhead hasta la iglesia cualquier noche amena de pleno verano, tres horas más tarde de lo que es ahora, por el mero placer de ver las estrellas y la posibilidad de encontrar un hada.
—Pero espera hasta que se haya marchado toda esta multitud.
—De acuerdo. Ahora pasa el grupo de las cinco señoritas Armitage. Por ahĂ vienen el faetĂłn de la señora Sykes, el coche cerrado del señor Wynne, el carro de la señora Birtwhistle; no deseo aguantar la ceremonia de despedirme de todos ellos, asĂ que nos meteremos en el jardĂn y nos esconderemos entre los codesos durante un rato.
