Shirley
Shirley —Encontrará uno excelente en el aparador del comedor: es un cuchillo para señoras, ligero y afilado como un puñal.
—Servirá para Caroline, pero a mà tiene que darme un par de pistolas; sé que las tiene.
—Tengo dos pares; uno de ellos puedo ponerlo a su disposición. Las encontrará colgadas de la pared sobre la repisa de la chimenea de mi estudio, en fundas de tela.
—¿Cargadas?
—SÃ, pero sin amartillar. AmartÃllelas antes de acostarse. Le hago un gran cumplido, capitán, prestándoselas; si fuera usted una de esas personas torpes, no se las dejarÃa.
—Las cuidaré bien. No se demore más, señor Helstone, puede irse ya. Es muy amable prestándome sus pistolas —comentó cuando el rector cruzó la verja del jardÃn—. Pero vamos, Lina —añadió—, entremos a cenar algo. Me irritaba tanto la proximidad del señor Sam Wynne durante el té que no he podido comer nada, y ahora estoy hambrienta.