Shirley
Shirley —¿Por qué quieres quedarte levantada? —preguntó la señorita Keeldar, cogiendo las armas de fuego; las examinó y volvió a dejarlas sobre la mesa.
—Porque siento una extraña agitación.
—Lo mismo me pasa a mÃ.
—Me pregunto si este estado de inquietud que no te deja dormir estará causado por una especie de electricidad que hay en el ambiente.
—No, el cielo está despejado y hay infinidad de estrellas; hace buena noche.
—Pero demasiado silenciosa. Oigo el rumor del agua sobre su lecho pedregoso del bosquecillo del Hollow como si discurriera junto al muro del cementerio.
—Me alegro de que la noche sea tan silenciosa: ahora mismo el gemido del viento o de una lluvia impetuosa me alterarÃa hasta el punto de darme fiebre.
—¿Por qué, Shirley?
—Porque me impedirÃa escuchar.
—¿Escuchas los ruidos que vienen del Hollow?
—SÃ, sólo de allà se oye algo en este momento.
—De allà sólo, Shirley.