Shirley
Shirley —Las chicas, atrás; la sobrina, en una habitación de delante.
—¿Y Helstone?
—Allà está su habitación. Suele tener una luz encendida, pero ahora no la veo.
—¿Por dónde entrarÃas?
—Si me ordenaran hacer ese trabajo, y Helstone se lo merece, lo intentarÃa por esa ventana larga que da al comedor. Luego podrÃa subir a tientas al otro piso, y sé cuál es su habitación.
—¿Cómo te las arreglarÃas con las mujeres?
—Dejándolas en paz, a menos que chillaran, y en ese caso pronto las harÃa callar. SerÃa mejor que el viejo estuviera dormido; despierto serÃa peligroso.
—¿Tiene armas?
—Armas de fuego, y cargadas.
—Entonces eres un estúpido haciéndonos parar aquÃ; un disparo darÃa la alarma: Moore caerÃa sobre nosotros antes de que pudiéramos dar media vuelta. No alcanzarÃamos nuestro objetivo principal.
—Vosotros podéis seguir adelante, te digo. Yo solo me ocuparé de Helstone.
Una pausa. A uno del grupo se le cayó el arma que llevaba y que resonó en el camino empedrado; el ruido hizo que el perro de la rectorÃa volviera a ladrar con furia, con ferocidad.