Shirley
Shirley —¡Se ha ido todo al garete! —dijo la voz—. Se despertará; un ruido como ése despertarÃa a los muertos. No nos habÃas dicho que tenÃan perro. ¡Maldito seas! ¡Adelante!
Reemprendieron la marcha, pisando con fuerza, con paso de revista, de muchos hombres caminando en fila lentamente. Se habÃan ido.
Shirley se irguió; recorrió la carretera con la vista, asomándose por encima del muro.
—No queda ni un alma —dijo. Caviló unos instantes—. ¡Gracias a Dios! —fue su siguiente comentario.
Caroline repitió la exclamación, pero su tono no fue tan firme: temblaba como una hoja; se le habÃan acelerado los latidos del corazón; tenÃa el rostro frÃo y la frente húmeda.
—¡Gracias a Dios por nosotras! —repitió—, pero ¿qué pasará en los demás sitios? Han pasado de largo por aquà para ocuparse con mayor seguridad de otros.