Shirley
Shirley —Sà —fue la respuesta, dada de forma maquinal, no porque quien la dijo deseara, o estuviera dispuesta a ir, o, de hecho, porque sintiera algo más que miedo ante la perspectiva, sino porque creÃa que no debÃa abandonar a Shirley.
—Entonces debemos dejar bien cerradas esas ventanas antes de marcharnos. ¿Sabes para qué vamos, Cary?
—SÃ… no… porque tú lo deseas.
—¿Eso es todo? ¿Y eres tan obediente a un mero capricho mÃo? Qué esposa tan dócil serÃas para un marido severo. El rostro de la luna no es más blanco que el tuyo en este momento, y el álamo temblón que hay junto a la verja no tiembla más que tus inquietos dedos; ¡y asÃ, sumisa, aterrorizada, consternada y devota, me seguirÃas a un peligro auténtico! Cary, deja que dé a tu lealtad un motivo: vamos al Hollow por Moore, para intentar ayudarlo, para intentar avisarle de lo que se le avecina.
—¡Pues claro! ¡Soy una estúpida, tonta y ciega, y tú eres aguda y sensata, Shirley! ¡Iré contigo! ¡Iré contigo de buena gana!
—Eso no lo dudo. MorirÃas ciega y sumisamente por mÃ, pero por Moore morirÃas con inteligencia y alegrÃa. Pero lo cierto es que no hay peligro de muerte esta noche; no corremos el menor riesgo.
Caroline se apresuró a cerrar los postigos y celosÃas.