Shirley
Shirley Estaba supervisando el cargamento del carro cuando entró un caballero en el patio y se acercó antes de que ella notara su presencia.
—Espero que la señorita Keeldar se encuentre bien esta mañana —dijo, examinando significativamente el rostro aún encendido de Shirley.
Ella lo miró y luego volvió a agacharse para reanudar su tarea, sin responder. Una agradable sonrisa pendÃa de sus labios, pero la disimuló. El caballero repitió el saludo, inclinándose a su vez para que llegara a oÃdos de Shirley con mayor facilidad.
—Muy bien cuando se porta bien —fue la respuesta—, y estoy segura de que podrÃa decirse lo mismo del señor Moore. A decir verdad, no estoy preocupada por él; se merece un pequeño revés; su conducta ha sido… digamos extraña por ahora, hasta que tengamos tiempo de describirla con un epÃteto más exacto. Mientras tanto, ¿puedo preguntar qué le trae por aquÃ?
—El señor Helstone y yo acabamos de recibir su mensaje de que todo lo que hay en Fieldhead está a nuestro servicio. Hemos creÃdo, por los ilimitados términos de la cortés indicación, que se lo tomaba usted demasiado a pecho: veo que nuestras conjeturas eran correctas. Recuerde que no somos un regimiento, sólo media docena de soldados e igual número de civiles. PermÃtame que reduzca el exceso de suministros.