Shirley

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CAPÍTULO XXI

LA SEÑORA PRYOR

Mientras Shirley conversaba con Moore, Caroline fue a ver a la señora Pryor, a la que encontró profundamente abatida. La buena señora no quiso decir que la precipitación de la señorita Keeldar había herido sus sentimientos, pero era evidente que una herida interna la mortificaba. Sólo alguien que no tuviera un carácter compatible con el suyo la habría juzgado insensible a las atenciones tranquilas y cariñosas con las que la señorita Helstone quiso consolarla; pero Caroline sabía que, por impasible o poco conmovida que pareciera, se sentía estimada y reconfortada por ellas.

—No tengo decisión ni seguridad en mí misma —dijo por fin—. Siempre he carecido de esas cualidades. Sin embargo, creo que a estas alturas la señorita Keeldar debería conocer ya mi carácter para saber que siento siempre una preocupación, dolorosa incluso, por hacer lo más correcto, por actuar del mejor modo posible. La naturaleza inusitada de lo que se exigía de mi entendimiento me ha desconcertado, sobre todo viniendo después de la alarma de la noche. No me atrevía a actuar con prontitud en nombre de otra persona, pero confío en que mi falta de firmeza no haya causado graves perjuicios.

Se oyó un suave golpe en la puerta; la entreabrieron.

—Caroline, ven —dijo alguien en voz baja.


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