Shirley
Shirley No me ha resultado fácil describir al señor Yorke, pero más difícil aún es mostrar su espíritu. Si esperas, lector, encontrar en él la perfección, o incluso a un anciano caballero benevolente y filántropo, estás en un error. Ha hablado al señor Moore con cierta sensatez y buenos sentimientos, pero no debes deducir por ello que siempre hable y piense con bondad y justicia.
En primer lugar, el señor Yorke carecía del órgano de la veneración; gran carencia, que deja a un hombre en mal lugar siempre que se requiere veneración. En segundo lugar, carecía del órgano de la comparación, deficiencia que priva a un hombre de simpatía; y, en tercer lugar, tenía demasiado reducido el órgano de la benevolencia y del idealismo, lo que privaba a su carácter de gloria e indulgencia, y disminuía, a sus ojos, esas divinas cualidades en todo el universo.