Shirley
Shirley La falta de veneración le volvía intolerante con los que estaban por encima de él: reyes, nobles y sacerdotes, dinastías, parlamentos y dirigentes, con todas sus obras; la mayoría de sus decretos, sus formas, sus derechos y sus reivindicaciones eran para él una abominación; bazofia todos por igual, no hallaba utilidad ni placer en ellos, y creía que el mundo saldría ganando y no perdería nada si se arrasaban las altas instancias y sus ocupantes quedaban aplastados en la caída. La falta de veneración, además, le hacía totalmente insensible al excitante deleite de admirar lo que es admirable, secaba mil fuentes de puro gozo, marchitaba mil vividos placeres. No era un hombre impío, aunque no pertenecía a iglesia alguna, pero su religión no podía ser como la de los que saben venerar. Creía en Dios y en el Cielo, pero su Dios y su Cielo eran los de un hombre carente de temor de Dios, de imaginación y de ternura.