Shirley
Shirley Te he contado algunos de sus defectos, lector; en cuanto a sus cualidades, era uno de los hombres más respetables y capaces de Yorkshire; incluso aquellos a quienes no gustaba se veían forzados a respetarle. Era muy querido por los pobres, porque se mostraba bueno y paternal con ellos. Con sus trabajadores era considerado y cordial: cuando los despedía de un trabajo, intentaba colocarlos en otro empleo, o, de ser esto imposible, los ayudaba a mudarse con sus familias a otro lugar donde pudieran hallar trabajo. Cabe señalar también que si, como ocurría a veces, cualquiera de sus «obreros» mostraba signos de insubordinación, Yorke —que, como muchos otros que aborrecen ser dominados, sabía cómo dominar con energía— conocía el secreto para aplastar la rebelión en su germen, para erradicarla como una mala hierba, para que no se extendiera ni desarrollara dentro de los límites de su autoridad. Siendo éste el feliz estado de sus propios asuntos, se creía con derecho a hablar con suma severidad de quienes se hallaban en distinta situación, a culparlos a ellos de todos los contratiempos que pudiera acarrearles su posición, a distanciarse de los amos y abogar libremente por la causa de los obreros.