Shirley
Shirley La familia del señor Yorke era la primera y más antigua del distrito, y él, aunque no el hombre más rico, era uno de los más influyentes. HabÃa tenido una buena educación; en su juventud, antes de la Revolución francesa, habÃa viajado por el continente; hablaba perfectamente francés e italiano. Durante una estancia de dos años en Italia, habÃa acumulado muchos y buenos cuadros y rarezas de exquisito gusto que ahora adornaban su residencia. Sus modales, cuando querÃa, eran los de un consumado caballero de la vieja escuela; su conversación, cuando estaba dispuesto a agradar, era singularmente interesante y original y, si solÃa expresarse en el dialecto de Yorkshire, era porque le daba la gana, porque preferÃa su rústico dialecto nativo a un vocabulario más refinado. «El acento gutural de Yorkshire —afirmaba— es mucho mejor que el silabeo cockney de Londres, igual que el bramido de un toro es mejor que el chillido de un ratón».