Villette
Villette Ella obedeció, pero con expresión hosca. Me quité el sombrero, coloqué mis cosas y me acosté. Había vencido varias dificultades; en cierto modo, había obtenido una victoria: mi espíritu sin hogar, sin ancla y sin apoyo había vuelto a ganar un breve reposo. Hasta que el Vivid llegara a puerto, no tendría que actuar ni tomar decisiones, pero después… ¡Ay! No podía anticipar el futuro. Exhausta, angustiada, me sumí en una especie de trance.