Villette
Villette —¿He de decirle lo mismo que a Modeste Beck, que no me conoce? ¿He de mostrarle y enseñarle cómo soy? ¿Quiere pruebas de que puedo ser un amigo fiel? Sin esas pruebas inequívocas, ¿no descansará esa mano en la mía, ni confiará en mi hombro como un lugar seguro? Bien. Las pruebas están listas. He venido a darle explicaciones.
—Dígame lo que sea, enséñeme lo que sea, muéstreme lo que sea, monsieur: ahora puedo escucharle.
—Entonces, en primer lugar, debe salir conmigo y acompañarme a un lugar bastante alejado de la ciudad. He venido a propósito a buscarla.
Sin preguntarle su intención, ni sondear su plan, ni esgrimir la menor objeción, me até el sombrero de nuevo: estaba preparada.
Cogió el camino de los bulevares: me obligó a sentarme varias veces en los bancos colocados a la sombra los tilos; no me preguntó si estaba cansada, pero me miraba y sacaba sus propias conclusiones.