Villette
Villette Abrió la marcha. Me enseñó una pequeña cocina con un pequeño horno, unos pocos utensilios de latón muy brillantes, dos sillas y una mesa. Una pequeña alacena contenÃa una vajilla de loza minúscula, pero muy útil.
—En el salón, hay un juego de café de porcelana —dijo monsieur Paul, mientras yo examinaba los seis platos verdes y blancos, asà como las cuatro fuentes, las tazas y las jarras que hacÃan juego.
Después de subir por una estrecha, aunque reluciente, escalera, me dejó asomarme a dos bonitos dormitorios; finalmente, volvió a conducirme al piso de abajo, donde nos detuvimos con cierta solemnidad ante una puerta más grande que las anteriores.
Sacando una segunda llave, monsieur Emanuel la introdujo en la cerradura. Abrió, y me hizo pasar por delante.
—Voici! —exclamó.