Villette
Villette —Yo voy a un colegio. ¡He ido a tantos colegios extranjeros en mi vida! Y, a pesar de ello, soy una completa ignorante. No sé nada… nada de nada… se lo aseguro; sólo toco el piano y bailo estupendamente; y, por supuesto, sé hablar francés y alemán, aunque no leo ni escribo bien estos idiomas. ¿Sabe que el otro dÃa me pidieron que tradujese al inglés una sencilla página de alemán y fui incapaz de hacerlo? Papá se sintió muy avergonzado; dijo que parecÃa como si monsieur de Bassompierre, mi padrino, que es quien paga mis gastos escolares, hubiera tirado el dinero. Y en lo que se refiere a otras materias, historia, geografÃa, aritmética, etcétera, soy como un recién nacido; y escribo muy mal el inglés… con una ortografÃa y una sintaxis terribles, según dicen. Además, parezco haber olvidado mi religión; me consideran protestante, ¿sabe?, pero lo cierto es que no estoy segura de si lo soy o no: no recuerdo muy bien la diferencia entre católicos y protestantes. Sin embargo, no me importa lo más mÃnimo. En una ocasión fui luterana en Bonn… ¡querido Bonn!, ¡encantador Bonn! ¡Cuántos estudiantes apuestos habÃa allÃ! Todas las muchachas bonitas de nuestro colegio tenÃan un admirador; sabÃan a qué hora salÃamos a pasear y casi siempre se cruzaban con nosotras. Schönes Mädchen[13], les oÃamos decir. ¡Fui sumamente feliz en Bonn!
—¿Y dónde se dirige ahora? —pregunté.
—¡Oh! A… chose —respondió.