Villette
Villette —Qué va…
—Aun asà creo que es usted inteligente —comentó, antes de detenerse a bostezar—. ¿Se marea?
—¿Y usted?
—¡MuchÃsimo! En cuanto veo el mar. Lo cierto es que ya empiezo a sentirme indispuesta. Bajaré al camarote y no pararé de dar órdenes a esa camarera gorda y odiosa. Heureusement je sais faire aller mon monde[16] —y, diciendo estas palabras, se marchó.
Al poco rato la siguieron los demás pasajeros; yo pasé la tarde sola en cubierta. Cuando recuerdo la tranquilidad y la dicha de aquellas horas, y evoco al mismo tiempo la situación en que me hallaba, incierta… desesperada, dirÃan algunos…, rememoro estos versos:
Stone walls do not a prison make, Nor iron bars — a cage[17].
Y siento que los peligros, la soledad y un futuro incierto no son males abrumadores mientras el cuerpo esté sano y las facultades en uso, y sobre todo, mientras la Libertad nos preste sus alas[18] y la Esperanza nos guÃe con su estrella.