Villette
Villette —¿Llevaba todo su dinero en el baúl? —preguntó, deteniéndome.
Qué dichosa me sentà de poder contestarle sinceramente:
—No. Llevo lo suficiente en el bolso (pues tenÃa cerca de veinte francos) para alojarme en una sencilla posada hasta pasado mañana; pero es la primera vez que vengo a Villette y no conozco sus calles ni sus posadas.
—Puedo darle la dirección de un lugar como el que busca —señaló él—, y no está muy lejos. Siguiendo mis indicaciones, lo encontrará fácilmente.
Arrancó una hoja de su cuaderno de notas, escribió unas palabras y me la entregó. Pensé que era realmente amable; y desconfiar de él, de su consejo o de su conducta, habrÃa sido como desconfiar de la Biblia. HabÃa bondad en su rostro y nobleza en sus brillantes ojos.
—El camino más corto es seguir el bulevar y cruzar el parque —continuó—, pero es demasiado tarde y está demasiado oscuro para que vaya sola; yo la acompañaré en ese tramo.