Villette
Villette Este acto sirvió para atraer la atención y acallar las voces. Sólo una de las jóvenes, sentada en la parte de atrás, persistió en su rebelión con la misma energía. La miré atentamente. Tenía la tez pálida, el cabello negro como la noche, espesas cejas, facciones enérgicas y ojos oscuros, rebeldes y siniestros. Reparé en que estaba sentada junto a una puerta muy pequeña, que abría un armario donde se guardaban los libros. Estaba de pie para dar rienda suelta a sus protestas con mayor energía. Calculé su estatura y su fuerza. Parecía alta y nervuda, pero, mientras la lucha fuera breve y el ataque inesperado, pensé que podía vencerla.
Me dirigí al fondo del aula con toda la frialdad e indiferencia de que fui capaz y, en pocas palabras, ayant l’air de rien[41], empujé suavemente la puerta y la dejé entreabierta. En un instante me volví con brusquedad hacia ella. En otro instante, la joven estaba dentro del armario, la puerta cerrada y la llave en mi bolsillo.