Villette
Villette En primer lugar, estaba tan claro como la luz del dÃa que aquella infame multitud de jovencitas no podÃa gobernarse por la fuerza. HabÃa que seguirles la corriente y armarse de paciencia con ellas: unos modales corteses y serenos las impresionaban; alguna pequeña broma de vez en cuando también era de su agrado. No podÃan, o no querÃan, que sus mentes trabajaran de un modo riguroso y continuado; y se negaban en rotundo a ejercitar la memoria, el raciocinio o la atención. Mientras que una joven inglesa de inteligencia y docilidad medianas redactaba calladamente un trabajo, esforzándose por comprenderlo y dominarlo, una nativa de Labassecour se reÃa en tu cara y exclamaba rechazándolo:
—Dieu que c’est difficile! Je n’en veux pas. Cela m’ennuie trop[44].