Villette
Villette El escenario del Étude du soir era siempre el refectorio, una estancia mucho más pequeña que cualquiera de las tres aulas; pues sólo se admitÃa allà a las alumnas internas, y éstas no eran más de una veintena. Dos lámparas colgaban del techo, sobre las dos mesas; se encendÃan al anochecer, y su luz señalaba el momento en que se cerraban los libros de texto, se adoptaba una conducta más grave, se reforzaba el silencio general, y empezaba la lecture pieuse[90]. No tardé en descubrir que aquella lecture pieuse habÃa sido concebida como una sana mortificación del Intelecto, como una beneficiosa humillación de la Razón; y en dosis suficiente para que el Sentido Común la digiriera a su conveniencia y se desarrollara como mejor pudiese.
El libro que leÃan (y que siempre era el mismo, pues volvÃan a empezarlo cuando terminaba) era un volumen venerable, tan antiguo como las colinas, tan gris como el Hôtel de Ville[91].