Villette
Villette Bajé inmediatamente. No tardé en encontrar un papel doblado, suspendido en la rama más baja de un arbusto; lo cogà y me apresuré a llevárselo al doctor John. En aquella ocasión, no creo que ni siquiera Rosine me viese.
El doctor John rompió la misiva en mil pedazos sin leerla.
—Recuerde que ella no tiene la culpa —dijo, mirándome.
—¿Quién no tiene la culpa? —pregunté—. ¿A quién se refiere?
—¿TodavÃa no lo sabe?
—En absoluto.
—Y ¿no lo adivina?
—No.
—Si la conociera mejor, tal vez cederÃa a la tentación de confiar en usted; asà conseguirÃa que protegiera a un ser inocente y maravilloso, pero con muy poca experiencia.
—¿Como una carabina? —quise saber.
—Sà —respondió pensativo—. ¡Hay tantas trampas a su alrededor! —añadió.