Villette
Villette Y reinó el silencio. Con una docena de palabras, y otros tantos gestos, echó a la mitad de los presentes y obligó a los demás a ponerse en fila. Sólo quedaban jóvenes disfrazadas: eran las intérpretes de la obra y aquél era el camerino. Monsieur Paul me presentó. Todas dirigieron sus ojos hacia mí y se oyeron algunas risitas disimuladas. Fue una sorpresa para ellas: no esperaban que la inglesa actuara en un vaudeville. Ginevra Fanshawe, hermosamente ataviada para su papel, increíblemente bella, me miró con los ojos muy abiertos. De excelente humor, indiferente al miedo o a la timidez, encantada de poder brillar ante centenares de personas… mi llegada pareció llenarla de asombro, en medio de su alegría. Habría prorrumpido en exclamaciones, pero monsieur Paul impidió que las jóvenes se desmandaran.
Después de inspeccionar y criticar a toda la tropa, se volvió a mí.
—Usted también ha de vestirse para su papel.
—Vestirse, sí… ¡vestirse de hombre! —exclamó Zélie St Pierre, adelantándose—; yo la ayudaré —añadió, solícita.